Francisco Prieto

Francisco Prieto

20179271409_4b10635aa2_bEscritor, periodista, catedrático, productor y conductor de programas culturales de radio y televisión.
Prieto nos deleitó con una conferencia donde se enumeraron numerosos ejemplos del delirio de omnipotencia: desde los mas clásicos como Don Juan y Fausto hasta los más recientes como Hitler o Mussolini llegando a mencionar incluso a Eva Perón y Chávez. También nos comenta que el delirio de omnipotencia no solo se encuentra en lo individual sino que la humanidad entera peca de ello al creer tener el control de todo aunque a la distancia eso mostrará la inocencia del ser humano, que cree que puede controlarlo todo sin acertar.
Una inauguración extraordinaria para iniciar el Tonalestate 2015.
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I CARE

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Presentación de la Fundación José Vasconcelos en el Centro Cultural One Way en El Salvador el día 5 de junio 2015.

Buenas tardes, antes que nada agradezco estar aquí con los hermanos centroamericanos.

Se me ha pedido que hable acerca del voluntariado; más que una teoría que nos ayudará a comprender y aclarar la idea de los que es y debe ser la acción del voluntariado, les hablaré de mi experiencia.

Como muchos de ustedes, estudié la universidad, en el área de letras; en las aulas nos debatíamos por estudiar en los libros para escribir luego otros libros que estudiarían otros que vendrían después. Como ustedes, tenía deseos, sueños, expectativas, quería participar, involucrarme, pero había pocos maestros que nos empujaran más allá de las páginas de los libros que leíamos con fruición. Recuerdo pocos, pero los hubo, que no permitieron que ese deseo muriera.

De ellos, hubo en particular una que no sólo me advirtió sobre el peligro de silenciar este deseo que, como una voz, surgía desde dentro, sino que me dio una directiva: ir con otros. ¿Pero cómo, ir con otros, cuando se nos pedía que fuéramos los más críticos, los más encarnizados críticos de los demás?. Así era, ir con otros que por principio tuvieran el mismo deseo, la misma voz llamado con insistencia.

Ese fue para mí el inicio de lo que ahora hago, comenzó una amistad, y de ahí comenzó una mirada sobre todo y todos. No voy a detenerme es este asunto sino lo necesario, y lo necesario es decir que con ellos no hacían alianzas estratégicas para cada momento, no estaban juntos porque tenían los mismos gustos, no se criticaban a escondidas, no elegían con quien sí y con quien no: eran amigos y pasaban los días juntos, se buscaban para comer, iban tarde a la casa porque no se querían separar, hablaban de muchas cosas, pero siempre sin superficialidad, y lo más impresionante para mí, podían estar con todos, con el más antipático, con el más inteligente, con el que nunca entendía nada, con todos lograban estar y platicar como si nada, como si del otro vieran algo que yo no veía. Pero con ellos, con el tiempo pasado con ellos, uno llegaba a darse cuenta de que esa mirada se podía contagiar.

Si tengo que hablar de porqué trabajo en una fundación tengo que decir que es por ese encuentro, para mí sucedió así, a partir de una amistad que me interpeló fuertemente y de la que no me quise apartar desde entonces. Con ellos conocí que se puede estar con los demás en distintos ambientes, o sea que para estar con los demás hay que ir a donde están, no esperar que lleguen, aunque también pueden llegar; y eso también lo aprendí.

Profesionalmente me desarrollé como profesor y si tengo que decirlo, es lo que más disfruto, cruzar la puerta del aula es para mí un momento donde todo se transforma, todo queda atrás porque todo inicia de nuevo. Y era feliz de hacer mis planes de estudio, de calificar, de pensar en las lecturas y los ejercicios. Pero entonces, porque el destino es un niño, mi antigua ,maestra y mis amigos decidieron comenzar una fundacion dirigida a los jóvenes.

Algunos trabajamos en universidades, dando clases o en áreas de servicios escolares, pero la fundación tenía que a jóvenes que por distintas causas no estaban relacionados con la universidad.

Como nombre, otro amigo, el profesor Giovanni Riva, sugirió José Vasconcelos, quien fue el padre de la educación moderna en México.

Así comenzamos, tuvimos que hacer muchas cosas, sacar permisos, meter cartas y solicitudes, contratar notarios, pero sobre todo ir con los jóvenes que estaban ahí.

Ante la necesidad que estaba ahí, jóvenes que abandonan los estudios y no encuentran trabajo, teníamos que poner manos a la obra.

Pero cómo si todos somos inexpertos.

Ante la necesidad de orientar a los muchachos, de darles expectativas de trabajo, de ayudarlos a continuar sus estudios, nos dimos cuenta de que ninguno era psicólogo, nadie de recursos humanos, ni sabíamos orientar los intereses de los muchachos, ninguno era experto ni había estudiado para eso, recuerden que yo había estudiado para eso, recuerden que yo había estudiado letras.

La opción era estudiar todo lo que necesitaba, a riesgo de no acabar nunca porque cada día surgen nuevas teorías, o comenzar a partir de lo que se sabe y con lo que se tiene, como después de la tormenta. Comenzamos así proponiendo momentos de convivencia para encontrar a las personas, con temas de recuperación de tradiciones, se propusieron cursos y pláticas.

Desde hace varios años venimos haciendo un ciclo de conferencias que llamamos Seis noches, y que tiene por objeto llamar a personalidades del mundo de la cultura para que nos den una plática acerca de un tema propuesto por nosotros.

Este ciclo de conferencias se volvió con el tiempo una incubadora de gestores culturales, porque lo organizan los muchachos desde cero, hacen los carteles, encuentran a los conferencistas, preparan el auditorio, toman fotos y hacen los comunicados. ( De ahí procede la grabación que vieron al principio).

De hecho, ahora mismo en la oficina de la fundación trabajan tres muchacho, Valeria, Daniel y Emiliano, dos de ellos están por entrar a la universidad y uno ya estudia ingeniería comercial, pero con nosotros hace la administración. Valeria ayuda con las presentaciones y Emiliano lleva los archivos.

Otra actividad es la del Ateneo de los oficios, la pregunta que nos asaltó fue la de que nunca se encuentra quien haga un trabajo en la casa sin miedo destruir las instalaciones; además de que este tipo de trabajos son menospreciados porque los hacen personas con pocos estudios. Se iniciaron cursos que pudieran complementar una formación técnica con aspectos humanos. Combatimos una idea de que el trabajo tienen que dar única y exclusivamente dinero y prestigió social, el que gana más y tiene un puesto directivo es más importante que el gana menos y barre las calles. El principio que nos acompaña es toda la actividad humana es sagrada, o sea toda actividad humana colabora para el destino positivo mío y de los demás.

Dentro de este programa del Ateneo de los oficios, iniciamos un ciclo de cursos dentro de una universidad el Instituto Científico Técnico y Educativo, fundado por Giovanni Riva; los cursos nacieron por la petición de los profesores ante las grandes carencias que educativas que arrastran los universitarios en todo el país. Los cursos son para fomentar un ambiente de convivencia pacífico en contra del ambiente de competencia que impera actualmente, por eso no hay calificaciones y el alumno aprueba si asiste a todas las clases porque la manera de convivir fecundando; se imparten materias que completan y amplían los horizontes culturales de los alumnos con contenidos a las que no tendrían acceso de otro modo, se da apreciación musical, creación literaria, géneros periodísticos, club de matemáticas, cine. Y todo porque se busca transmitir una pasión, por lo que también los profesores son jóvenes, dando así la oportunidad a profesores noveles dentro de un ambiente educativo distinto. La última característica y en la que estamos trabajando dentro de este programa es que los estudios universitarios no agregan dignidad a la persona, sino que por principio de cuentas son un privilegio, no un mérito; por lo que el universitarios tiene un gran privilegio y por ello, como dice el evangelio, a quien mas se le da más se le pedirá, y son ellos los primeros a tratar dignamente a quién no cursó la universidad, con ellos quienes tienen que rechazar privilegios a favor de los demás, sobre todo de los mas necesitados, porque si no son ellos, quiénes.

Con este programa se hicieron un par de boletines a propósito de la desaparición de los estudiantes normalistas en el estado de Guerrero, los boletines fueron escritos por los alumnos mismos.

Sin ánimo de extenderme demasiado, les cuento de otra iniciativa que se realiza en un pueblito de origen otomí, una etnia del centro de México. El pueblito se llama San Francisco Magú. Ahí se tiene una sede donde semana a semana se encuentran unos muchachos de preparatoria para un intercambio de experiencias, además ha nacido un momento entre las señoras de la comunidad para hablar de lo que sucede. En los tempos tan violentos que atraviesa el país, el diálogo es lo que más se necesita, el diálogo franco y sincero. De estos momentos ha comenzado una labor dentro de una escuelita comunitaria, donde los muchachos voluntarios van a estar con los niños para leer, contar cuentos, jugar sin competir para eliminar al menos apto. Esta idea nació de los amigos de Centro América, se llama libros libres y se realiza en este pueblito en medio de unos bisques maravillosos donde la gente agradece con sonrisas y los niños no se quieren ir a sus casas, pero no saben decir lo que sienten.

Las palabras son importantes porque alcanzan expresar lo mas profundo de nosotros. A las palabras se dedica la última de las que voy a hablar.

La FJV ha publicado un par de libros. El año pasado publicamos una novela, Dies irae, el día de la ira. Pueden encontrar una reseña del autor aquí.